Cubetas de erizos de mar

Cubetas de erizos de mar

Cuerpo

Explorando el medio intermareal rocoso podemos encontrarnos fácilmente con charcas ocupadas por numerosos erizos de mar. Si nos fijamos bien, veremos que cada erizo tiene su hueco y éste se amolda a su forma y tamaño. Podemos pensar que los erizos buscan esos huecos y se acomodan a ellos, pero en realidad son los propios erizos los que excavan esos huecos.

Los erizos de mar, a pesar de su aspecto, tienen capacidad de movimiento y se desplazan por el fondo gracias a los pies ambulacrales, unos apéndices móviles y terminados en una especie de ventosa que tienen repartidos por todo el cuerpo, encontrándose los más robustos y dedicados al desplazamiento en la parte inferior del cuerpo. Las espinas también están dotadas de movimiento, oscilando sobre las protuberancias que se pueden ver en la superficie de los caparazones que se encuentran en las playas o en la costa. Los erizos se alimentan de las algas que raspan del fondo con su aparato masticador, de compleja estructura, que se llama ‘linterna de Aristóteles’.

La combinación de los movimientos de las púas, junto con el raspado hecho con los cinco dientes de su aparato  masticador al alimentarse, van rascando la superficie del sustrato creando las madrigueras en las cuales se les encuentra encajados, sobre todo en las rocas blandas. Es frecuente que en los bordes de cada hueco individual se desarrollen algas calcáreas (como el Lithophyllum incrustans, de color rosado) que aportan consistencia al hueco y resaltan sus bordes.

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