En las inmediaciones del CIL nos hemos encontrado con dos mulatas (Pachygrapsus marmoratus) juntas en un mismo charco, de pequeñas dimensiones. Llama la atención la diferencia de color entre ambos cangrejos. ¿Cuál es el misterio?
Lo que pasa es que en realidad sólo hay un único cangrejo… y su muda, pues acaba de cambiar de piel. El cangrejo de color verdoso de la izquierda es el cangrejo vivo y el marrón de la derecha es la ‘cáscara’ abandonada. Los crustáceos poseen un caparazón rígido y al crecer y aumentar de tamaño se tienen que desprender de él. Para ello abren el caparazón, sacan todo el cuerpo (incluidas patas y antenas) en un estado blando, se hinchan con agua y, ya con mayor tamaño, endurecen el exoesqueleto. Durante este proceso, el cangrejo es muy vulnerable al estar desprotegido frente a depredadores. Una vez endurecido, el cangrejo seguirá su vida, dejando una réplica en el lugar.
Su hubiéramos llegado unos minutos antes, podríamos haber presenciado este interesante fenómeno.
* * * * * * * *
Truco: ¿Cómo distinguir una muda de un cangrejo muerto?
Mirando los ojos. Si se ven transparentes, seguro que se trata de un caparazón abandonado.
La liebre de mar
Cuerpo
Correr, correr, lo que se dice correr, no; pero arrastrarse por el fondo, trepar entre las algas o incluso nadar, sí que lo hacen las liebres de mar como ésta que nos encontramos recientemente en una charca de La Maruca, muy cerca del Centro de Interpretación. Así que en la canción no se miente tanto como se pretende.
Las liebres de mar son moluscos gasterópodos, al igual que los caracoles, pero con la concha muy pequeña y no visible al estar recubierta por el manto (vamos, que la llevan por dentro). Dentro de los gasterópodos, se incluyen en la subclase de los opistobranquios y a su vez en el orden de los tectibranquios. La liebres de mar pertenecen al género Aplysia, pudiéndose encontrar en nuestras costas varias especies.
Se caracterizan por tener un cuerpo globoso, con unas expansiones laterales del manto que forman como alas y que en algunas especies les permite nadar mediante movimientos ondulantes del mismo, lo cual es todo un espectáculo. En la parte anterior del cuerpo, en la cabeza, presentan dos tentáculos dirigidos hacia delante, a los lados de la boca y formados por tejido enrollado; en la zona del cuello llevan otros dos apéndices con funciones sensoriales, llamados rinóforos. Éstos se dirigen hacia arriba y, por estar también enrollados sobre sí mismos, recuerdan el aspecto de las orejas de una liebre y de ahí, junto a la forma general del cuerpo, les viene su nombre común. En la siguiente foto se pueden ver en la parte derecha del animal, que corresponde con la cabeza, aunque no demasiado bien, dicha sea la verdad.
Los colores varían según la especie, la edad y también de las algas de las que se alimentan, pues son herbívoras. En nuestro caso, el ejemplar medía unos 15 cm y mostraba un intenso color rojizo-violáceo oscuro, como de vino tinto. El margen rojo de las ‘alas’ del manto nos indica que pertenecería a la especie Aplysia fasciata, por lo que sería capaz de nadar. Otra especie común en nuestras costas es Aplysia punctata; se parece mucho a A. fasciata, pero no es capaz de nadar.
Stramonita haemastoma
Cuerpo
En el intermareal de La Maruca nos hemos encontrado con varios ejemplares de Stramonita haemastoma (también denominada Thais haemastoma, nombre con el que se la encuentra en muchos libros y material bibliográfico). No es infrecuente encontrase con ejemplares de pequeño o mediano tamaño o sus conchas ocupadas por cangrejos ermitaños, pero en este caso hemos dado con algunos ejemplares que se acercan a su tamaño máximo de unos 8 cm.
La concha presenta una coloración oscura, muy discreta, que hace que pueda pasar fácilmente desapercibida sobre las rocas o entre las algas. Sin embargo, al voltearla, muestra una viva coloración naranja rodeando la abertura de la concha, característica que queda incluida en su nombre científico (haima = sangre; stoma = boca). También destaca un grueso opérculo, que puede recordar el aspecto de madera con estrías longitudinales, que cierra la abertura totalmente cuando se ve amenazada y que es bien diferente de los más populares y conocidos opérculos de Astraea rugosa (redondeados y de color blanco con espira bien marcada).
Este molusco gasterópodo fue, junto con las especies Bolinus brandaris (= Murex brandaris) o cañadilla y Hexaplex trunculus (= Murex trunculus) o busano, también de la familia Muricidae, empleados para obtener en la antigüedad el tinte denominado ‘púrpura de Tiro’, usado para dar color a los tejidos de lujo. Habrían empezado a usarla los fenicios; en Roma se empleaba en las togas de los magistrados y lo lucían los generales premiados con el triunfo, para luego ser de uso exclusivo del emperador; más tarde se empleó en los atuendos de los cardenales.
El tinte procede de la secreción de la glándula hipobranquial y una leyenda cuenta que se descubrió cuando al perro de Hércules se le tiñó la boca de color púrpura al masticar caracolas en la costa del Levante.
El gusano verde del intermareal
Cuerpo
En el intermareal rocoso no es difícil encontrarse con un llamativo gusano de un color verde intenso reptando entre las algas y los recovecos de la piedra. Se trata de un gusano anélido poliqueto errante de la familia Phyllodocidae, perteneciente al género Eulalia.
La especie presente en nuestras costas es Eulalia clavigera, aunque en las guías de campo y otras publicaciones generalistas suele describirse una especie próxima y muy parecida a ésta llamada Eulalia viridis; de hecho, hasta los años noventa se consideraba perteneciente a esta especie.
Si bien muchos de los poliquetos errantes son activos predadores, esta especie parece preferir alimentarse de carroña y animales muertos o moribundos.
Cubetas de erizos de mar
Cuerpo
Explorando el medio intermareal rocoso podemos encontrarnos fácilmente con charcas ocupadas por numerosos erizos de mar. Si nos fijamos bien, veremos que cada erizo tiene su hueco y éste se amolda a su forma y tamaño. Podemos pensar que los erizos buscan esos huecos y se acomodan a ellos, pero en realidad son los propios erizos los que excavan esos huecos.
Los erizos de mar, a pesar de su aspecto, tienen capacidad de movimiento y se desplazan por el fondo gracias a los pies ambulacrales, unos apéndices móviles y terminados en una especie de ventosa que tienen repartidos por todo el cuerpo, encontrándose los más robustos y dedicados al desplazamiento en la parte inferior del cuerpo. Las espinas también están dotadas de movimiento, oscilando sobre las protuberancias que se pueden ver en la superficie de los caparazones que se encuentran en las playas o en la costa. Los erizos se alimentan de las algas que raspan del fondo con su aparato masticador, de compleja estructura, que se llama ‘linterna de Aristóteles’.
La combinación de los movimientos de las púas, junto con el raspado hecho con los cinco dientes de su aparato masticador al alimentarse, van rascando la superficie del sustrato creando las madrigueras en las cuales se les encuentra encajados, sobre todo en las rocas blandas. Es frecuente que en los bordes de cada hueco individual se desarrollen algas calcáreas (como el Lithophyllum incrustans, de color rosado) que aportan consistencia al hueco y resaltan sus bordes.
Habitantes de la costa: Estuario de San Pedro o de La Maruca
Cuerpo
Bajamar Estuario San Pedro del Mar
A lo largo de la costa se van sucediendo desembocaduras de ríos más o menos caudalosos que en su encuentro con el mar, y dependiendo de las características del terreno donde desaguan, han formado estuarios de diversa importancia.
El Arroyo Somonte-La Tejona, que desagua en la ría de San Pedro, desemboca en la playa de la Maruca creando un pequeño estuario, el estuario de la ría de San Pedro o de La Maruca, que alberga un pequeño puerto pesquero.
Los estuarios, en general, son ecosistemas frágiles con unas condiciones muy particulares determinados por:
El aporte de agua continental dulce (de la ría de San Pedro) que se mezcla con el agua marina,
Las mareas diarias y las corrientes, y
Los procesos de sedimentación.
Los aportes de agua dulce son muy escasos ya que tan sólo recibe la escorrentía superficial de las zonas colindantes a través de pequeños regatos.
El estuario de la Maruca es el tercer estuario más pequeño de Cantabria, con un área de 12 ha y un perímetro de 2,5 Km. Se puede considerar que prácticamente el 100% de su superficie es intermareal.
Te animamos a descubrir este maravilloso ecosistema a través de nuestro programa de visitas guiadas.
Vegetación
La vegetación asociada a este ecosistema se distribuye en función de sus ambientes salinos, creando diferentes zonas de vegetación:
Zona inferior:
Corresponde a áreas del intermareal sometidas al flujo y reflujo diario de la marea, donde se establecen varias bandas de vegetación, en función del grado de inundación por la marea.
Zona superior:
Son las áreas menos inundables y más influenciadas por los aportes de agua dulce de la ría. Se sitúan después del puente del molino de marea. Algunas de las especies aquí presentes son: Salvio (Limbarda crithmoides), Salicornia (Salicornia europaea) e Hinojo marino (Crithmum maritimum).
Las zonas de fangos intermareales están formadas por amplias extensiones de arenas y sedimentos, que quedan al descubierto en mayor o menor medida durante la pleamar. Se trata de zonas muy ricas en nutrientes, con una productividad muy alta. En estas zonas viven enterradas algunas de las siguientes especies de gusanos poliquetos: Tita (Sipunculus nudus), Coco (Arenicola marina); moluscos bivalbos: Muergo (Solen marginatus); peces: Chaparrudo (Gobius niger).
Algunas de estas especies son una importante fuente de alimento para las aves limícolas, un grupo de aves migratorias que dependen en gran medida de este tipo de hábitats como lugar de descanso y alimentación durante sus migraciones.
Algunas de las más comunes en este estuario son: Garceta común (Egretta garzetta), Cormorán grande (Phalacrocorax carbo), Chorlitejo grande (Charadrius hiaticula).
Localizadas en las proximidades de la Depuradora de San Román (ubicación). Es un pequeño humedal continental que no supera la hectárea de superficie, formado por una serie de charcas colonizadas con abundante vegetación acuática y palustre.
El humedal continental depende de las aguas subterráneas de los acuíferos del entorno. Está sujeto a grandes variaciones estacionales en la extensión de la lámina de agua, secándose durante el verano.
Los humedales son ecosistemas de gran importancia por los procesos hidrológicos y ecológicos que en ellos ocurren y la gran diversidad biológica que sustentan.
Te animamos a descubrir este maravilloso ecosistema a través de nuestro programa de visitas guiadas.
Vegetación
La inundación periódica del humedal determina una formación vegetal palustre de gran valor ecológico. Entre las principales especies podemos encotrar: Carrizo (Phragmites australis), Espadaña (Typha latifolia), Masiega (Cladium mariscus), Junco (Juncus spp).
Fauna
La frondosidad de la vegetación palustre ofrece un refugio seguro, creando unas condiciones de temperatura muy particualres (fresco en verano y cálido en invierno) que favorecen la presencia de anfibios e insectos. Ente los anfibios encontramos la Ranita de San Antón (Hyla arborea).
En las Pozonas también encontramos al crustáceo Cangrejo rojo (Procambarus clarkii), una especie introducida de origen americano que depreda las puestas y larvas de los anfibios.
Son utilizados por las aves acuáticas migradoras para la reproducción y como refugio durante los pasos migratorios y la invernada. Aun así, hay determinadas aves residentes que viven todo el año.
Pincha en la siguiente imagen para conocer las aves de las Pozonas.
Post colaboración de José Luis Casamor, profesor de Geología Marina en la Universitat de Barcelona.
Imagen de portada: Los paisajes desde un barco a veces son impresionantes. El «BIO Hespérides» navegando a medianoche cerca de la isla de Smith, en la Antártida (Campaña COHIMAR, diciembre de 2001).
Soy geólogo. Insisto en el detalle porque no es habitual conocer a uno. Incluso yo, siendo del ramo, acabo el año codeándome con más especialistas de la Seguridad Social. Pero si ser geólogo es raro, vayamos ahora un poco más allá de la orilla del mar: mi especialidad es la Geología Marina.
Pensándolo bien, habitamos un mundo mayoritariamente cubierto por agua y al que, no sin cierta ironía, le llamamos Planeta Tierra en vez de Planeta Océano. No debería ser tan extraño que haya geólogos marinos, aunque a diferencia de nuestros colegas terrestres no podamos pasearnos libremente por ese mundo subacuático para medir buzamientos y obtener muestras.
Y es que no existe un tapón que permita vaciar el océano para poder visitar el fondo. Los sensores de los satélites tampoco pueden penetrar un medio cubierto por agua. Además, que yo sepa, no hemos desarrollado de repente ninguna adaptación especial, tipo branquias o aletas dorsales, que nos facilite sumergirnos en el mar.
Por tanto, los geólogos marinos solemos utilizar barcos oceanográficos para desarrollar nuestro trabajo. Los costes operativos de esos barcos son elevados y se requiere la oportuna financiación para poder usar uno de ellos. A los días que pasamos navegando y trabajando a bordo le llamamos campaña oceanográfica. Atención: una campaña nunca es sinónimo de crucero, ¡y menos de lujo!
El «BIO Hespérides» a vista de helicóptero en el Mediterráneo Occidental. Los 82 m de eslora de la joya de la oceanografía española equipan una instrumentación de primer nivel para estudiar extensas áreas de los fondos oceánicos (Campaña MARINADA, agosto de 2002)
Aunque parezca que uno se lo pasa de miedo surcando el océano, en realidad nos enfrentamos a un medio que a veces puede ser verdaderamente hostil. Por ejemplo, la cubierta de un barco oceanográfico es un hábitat peligroso en días de mala mar. Allí te acecha un ejército de tensos cables y algunos cabos sueltos, todos dispuestos a golpearte sin piedad al menor descuido.
La mala mar también dificulta el trabajo de laboratorio. Pasar horas mirando una pantalla de registro de datos mientras el barco bambolea, cabecea y balancea es toda una experiencia. En casos extremos, algo parecido a estar dentro de una lavadora. Y eso contando que ningún objeto de la sala decida salir volando, con las desastrosas consecuencias que todos hemos sufrido alguna vez.
Pero cuando la mar acompaña, además de disfrutar de la brisa marina fuera de la guardia de trabajo, aprovechamos el tiempo para estudiar la composición de los sedimentos marinos o analizar la estructura del subsuelo oceánico, entre otras cosas. Un buen número de colegas estamos empeñados en mejorar el conocimiento batimétrico de nuestros mares. Aunque parezca mentira, conocemos mejor la topografía de algunos rincones de Marte que la de gran parte de nuestro propio planeta.
Así que, manos a la obra, durante los últimos años hemos ido cartografiando con cierto detalle el relieve submarino de los márgenes continentales del planeta. Algunos resultados son muy espectaculares. Si ir más lejos, una gran parte del mar adyacente a la costa catalana está cortada por profundos y largos cañones submarinos cuyas dimensiones superan a las de cualquier valle terrestre cercano. Otros márgenes peninsulares también muestran morfologías sorprendentes. Conocer en detalle todos estos relieves facilita la gestión del medio, ayuda a explotar mejor los recursos marinos y permite interpretar muchos procesos relacionados con el cambio climático.
Imagen 3D de parte del relieve submarino de Catalunya. Los principales cañones se localizan a la derecha de la imagen (Cañón de Palamós) y en la zona central (Cañón de Blanes).
No solo nos hemos quedado cerca de casa. También hemos explorado lugares remotos. En el extremo septentrional de la península Antártica, el estudio de las huellas dejadas en el fondo del mar por el paso de antiguas corrientes de hielo nos ha permitido delimitar la extensión máxima de los mantos de hielo durante la ultima glaciación. En la zona noroccidental de mar de Barents (Ártico), hemos cartografiado parte de uno de los pocos canales profundos preservados en latitudes polares, el canal INBIS. El análisis morfológico del canal permite conocer los procesos sedimentarios glaciares que ayudan a formar estos relieves.
Imagen 3D del conjunto de cárcavas y canales menores de la parte superior del canal INBIS. Estos datos se han incorporado en la última versión de «The International Bathymetric Chart of the Arctic Ocean» (IBCAO).
Nuestra singladura podría extenderse a otros mares, pero desde el puente nos indican que es momento de poner rumbo a buen puerto. Ahora ya conocéis un poco mejor cómo trabajamos en un barco y qué estudiamos determinados geólogos marinos. Pero, sobre todo, espero haber despertado un poco más vuestra curiosidad por algunas de las cosas que, más allá de la orilla de mar, hemos ido descubriendo en las profundidades marinas.
¡Hasta la próxima campaña!
Habitantes de la costa: Acantilados marinos
Cuerpo
Los acantilados son formaciones de roca caliza vertical o con fuertes pendientes. Es un ecosistema de borde entre los dominios terrestre y marítimo, lo cual le confiere unas características ecológicas especiales.
La zona de acantilados van desde Cabo Mayor hasta el límite occidental del Municipio de Santander. Son acantilados de diversa altura, gran interés ecológico, geológico y paisajístico.
Entre los acantilados destacan los que se desarrollan en el entorno del Instituto Meteorológico y Panteón del Inglés, zona en la que adquieren mayores dimensiones.
Te animamos a descubrir este maravilloso ecosistema a través de nuestro programa de visitas guiadas.
Vegetación
En esta zona existen especies vegetales muy especializadas en ecosistemas extremos (viento fuerte, salinidad y poco suelo), y por tanto de gran fragilidad y valor ecológico.
El efecto del mar sobre la vegetación, produce una zonación altitudinal.
En las zonas más expuestas a las salpicaduras encontramos, principalmente, viviendo en las grietas:
Al ser zonas poco accesibles, son zonas de gran importancia como lugar de nidificación para determinadas aves, tanto marinas como terrestres. Algunas de las más destacadas son:
Marinas:
Paiño europeo (Hydrobates pelagicus),
Cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis),
Gaviota patiamarilla (Larus cachinnans).
Terrestres:
Halcón peregrino (Falco peregrinus),
Cuervo (Corvus corax),
Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros).
Especies de flora y fauna en acantilados costeros (CENTINELAS)
Pincha sobre la imagen para conocer más especies de flora y fauna de los acantilados costeros.
LAS MEDUSAS VISITAN SANTANDER EN PLENO OTOÑO
Cuerpo
La semana pasada, varios arenales de la costa santanderina han amanecido con una visita inesperada. Numerosas medusas hicieron parada en los arenales santanderinos aprovechando la masa de agua caliente embalsada en el Golfo de Vizcaya, que se forma entre finales de verano y principios del otoño y riega la costa cántabra, según explicó el Director del Museo Marítimo de Cantábrico, Gerardo García Castrillo. Con una temperatura dela capa superficial de las aguas que bañan las playas de Santander y la bahía de 17,5 grados, sumado a las se debe a la dirección de las corrientes y del viento, que las ha empujado desde mar adentro, es normal que pueda haber medusas.
La marea de medusas ha sorprendido a los usuarios de las playas de la costa santanderina, especialmente en la segunda del Sardinero, donde operarios municipales trabajaron en la retirada de más de dos mil ejemplares. Nosotros en el CIL también recibimos su visita, varios operarios que recogían caloca (Gelidium sesquipedale), nos las mostraron y se vieron obligados a retirarlas para continuar con su labor.
¿Qué hacer si te pican?
Os recordamos qué hacer en caso de convertirse en víctima de uno de estos aparentemente inofensivos animales, lo primero que hay que hacer es limpiar la zona afectada con agua salada y retirar cualquier resto de tentáculo, si es que lo hubiese. Asimismo es recomendable acudir a los socorristas o a un centro de salud cercano para asegurarse de que la picadura no reviste gravedad. En cualquiera de los casos, la precaución y la vigilancia son los mejores aliados.