1. Limpiar el calamar y reservar la tinta. Cortar en cuadraditos pequeños y secar bien con papel de cocina. Luego echar el calamar en una sartén con un poco de aceite y sofreírlo. Dejarlo a fuego medio sin dejar de remover hasta que se consuma el líquido que sueltan. Reservar en un colador para que escurran bien el aceite.
2. En una sartén, poner el aceite y la mantequilla —o solo el aceite, si os gustan más—. Cuando estén calientes, echar la cebolla muy picadita y pocharla.
3. Echar la harina y remover con unas varillas hasta que se dore ligeramente.
4. Añadir la leche, la nata y el relleno, y no dejar de remover con las varillas. Trabajar la masa a fuego suave durante al menos 10 o 15 minutos. Cuando veamos que está empezando a espesar, añadir la tinta del calamar. Remover bien.
5. Cuando empiece a hervir, retirar la masa del fuego.
6. Echar la masa en un recipiente donde no quede demasiado extendida, y dejar enfriar (se pueden dejar de un día para otro)
7. Con una cuchara coger porciones de la masa y con pan rallado darles la forma que queráis.
8. Cuando ya se tienen formadas, pasarlas por huevo bien batido y pan rallado de nuevo.
9. Freír en abundante aceite caliente, con cuidado de que se hagan por dentro sin quemarse por fuera.
10. Dejarlas descansar en papel de cocina antes de servir para que no tengan exceso de grasa.
11. Y por último, la salsa:
Para ello hay que batir todos los ingredientes con una batidora o un procesador de alimentos. Después se sazona al gusto y se pasa a un bol. También podemos decorar las croquetas con la mezcla ayudándonos de una cuchara o de un biberón de cocina.